Desde pequeñita siempre he pensado que, si se juntasen los tres grandes movimientos artísticos y culturales: música, danza y literatura, llegaríamos al clímax. Cual gratificante fue mi sorpresa, cuando de chiquitita mis padres me llevaron a la ópera.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Ojos de cuervo

Era una noche calurosa de verano, de esas noches que los pajaros duermen acurrucados en las ramas de los arboles unos con otros, volando entre los sueños. Pese al calor, la brisa fresca, se colaba por entre los arboles, acaraciando las hojas de estos y moviendo las ramas, perezosas de todo moviemiento por el calor. Si prestabas atención, podias sentir al profundo bosque aletargado en la oscuridad de la noche, como si las estrellas y el mismo cielo fuesen un manto negro de perlas que lo arropase. El aire se notaba pesado, la respiración era costosa, era como respirar vapor, los pulmones se sentían pesados como el plomo por cada bocanada de aire menos mal que de vez en cuando la fresca brisa se dejaba aparecer. El pueblo parecía desierto, no se oia un alama en las calles, tan solo, de vez en cuando las pisadas furtivas de algún gato de cacería, aunque poco se podía cazar en una noche como aquella. Las ventanas de las casas estaban abiertas, era la única forma de ventilar las viviendas y aunque no sirviera de mucho, el mero hecho de tenerlas abiertas hacía aquella noche mas llevadera.
Los niños dormían placidamente en sus respectivas camas, muertos de calor de vez en cuando la brisa entraba en la habitación pero aun así era imposible moverse aquella noche. De pronto el la pesadez del ambiente se acentuo, era como si el aire fuese plomo, e impedia cualquier tipo de movimiento, una pereza infinita invadía a cada individuo, perezosos imposibles de ningún tipo de estimulo, gesto o movimiento mas que el de su propia respiración. Se dejaban hundir en la sábanas y el colchón, haciendo un esfuerzo inmesurado por conciliar el sueño, pero era imposible, así mismo, tampoco podían abirir los parpados, el ambiente era tan pesado que no se lo permitia. Estaban inmoviles, todos.
A lo lejos, entre la espesura del bosque, se oyó el aullido de un lobo, al que sus compañeros caninos decidieron imitar, formando, un inmeson coro de aullidos de distintas intensidades. Un niebla comenzó a cubrir el frondoso bosque, la brisa ya no corría, los pajaros estaban quietos en las ramas, expectantes, como si fuesen el publico de una obra de culla trama no se puede esperar mas que suspense, tragedia y muerte.
La niebla avanzaba veloz hacia el pueblo, en pocos minutos ya había cubierto mas de la mitad del bosque y solo le quedaban unos pocos kilometros para alcanzar al pueblo. Conforme la niebla se acercaba la sensación de pesadez aumentaba consideradamente, cada ves costaba mas respirar, aunque, a pesar de estar sometidos a tal sensación de agonía, los habitantes del pueblo parecían no ser conscientes de todo aquello, su cuerpo sufria las consecuencias pero su mente parecía agena a todo eso.
La niebla, finalmente entro por el pueblo y se hizo el mayor de los silencios. No se oia nada, los gatos habían dejado la cacería y ya no se les oía luchar contra los ratones, ahora la niebla era dueña del pueblo.
Se paseaba graciosa y al mismo tiempo majestuosa,  por las calles, inundaba la plaza y la fuente, creando un espeluznante espectaculo. Empezó a elevarse poco a poco, hasta que alcanzo la ventana del cuarto de una casa, donde dormía un niño de unos nueve años, inundo el habitaculo, hasta que no quedo rastro de ella en el resto del pueblo, aunque todavia se podia sentir su presencia.
La habitacíon del pequeño, quedo sumergida en la mas honda espesura, y el aire ya no era aire, era mas que pesado que el plomo, que cualquier metal existente, no se podía casi respirar y menos moverse. De entre la espesura, se podia ver una figura alta y delgada pero se veía tan borrosa que no se podía saber exactamente que era. La extraña sombra se inclino sobre la cabecera de la cama, entonces el niño abrio los ojos, como si de repente toda aquella pesadez se huebiese disuelto y pudo ver con perfecta claridad una tez palida como y unos horribles ojos rojos que lo miraban. No aguanto mucho mas y se desvaneció con ese recuerdo. el de unos grandes ojos rojos que lo miraban, con un malevolo juvilo.
La luna brillaba, y los lobos retomaron sus canticos, no cesaron en toda la noche, como festejando un glorioso dia de caza.

A la mañana siguiente el pueblo desperto, quejandose del calor de la noche,dispuestos a poner una queja al alcalde del pueblo para que acondicionase alguna zona para refrescarse las noches de tanto calor , sin embargo, nadíe se atrevio a preguntar a la familia de la plaza donde se había metido su tercer hijo, porque, en el fondo, todos lo sabían.